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Y después del Corona virus, yoga en Kenia

Ha trascurrido casi un año desde aquel momento, que pasara a la historia de nuestras vidas, en el que perplejos nos quedamos paralizados, ante la pantalla de nuestra televisión, donde escuchábamos palabras como de otra época “toque de queda”. Nadie podría imaginar lo que nos esperaba.

No voy a entrar en el debate, de real o no, de apoyar o criticar a los negacionistas o otras muchas teorías que han cobrado mayor o menor fuerza, y mucho menos en controversias políticas. Cada uno de nosotros estaremos viviendo esto de maneras muy distintas, pero para aquellos que somos almas del viento, que nos apasiona viajar, perdernos por el mundo, literalmente “nos han cortado las alas” y así es como me he sentido, privada de mi esencia de mi libertad. Que si, que quizás haya sido necesario, que quizás es el momento de pensar en un “todos” y menos en nuestra parte individual, pero eso no exime, de la existencia de tal sentimiento. 

Creo que para muchos ha sido un periodo de letargo, de no saber muy bien que hacer, un golpe en seco, una parada inesperada que te deja en estado de shock, y como el ser humano es un animal de costumbres, una vez acostumbrados, empezamos a vivir en lo que han llamado la “nueva normalidad”.

Para mi, es el momento de intentar canalizar todo lo vivido, emociones, penas, alegrías, soledades, compañías que nunca eran completas, ausencias, llamadas de desesperanza, brindis online, abrazos no dados y besos robados…. han sido tantas cosas, y algo habremos aprendido, si, pero una también se cansa de tanto  aprender.

Y entonces con todo esto, me reitero, me confirmo: “cuán corta es la vida“,

cuanto tiempo perdido en ser, querer y demostrar tanto ego, tanto orgullo, de un sociedad casi enferma. Enferma de logros, metas, títulos, ascensos, prisas…. y todo ese sacrifico ¿para qué?,

cuán cierto es “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.

Porque el mañana es algo tan subjetivo.

Así, con las pilas cargadas y el ánimo subido, me he planteado hacer un viaje hacia nuestro interior, combinado con el lugar que amo, Kenia, y de esa manera surge la idea de un viaje de

“yoga en Kenia” 

 

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